TU MARCA PERSONAL: DE LA RAZON A LA PASION

Entender y ser sensible a lo que piensa y siente tu audiencia, se convierte en la base del éxito de tu propia marca

Por la importancia que tienen para mí los buenos consejos en temas de salud, hace algún tiempo alguien me recomendó seguir en Instagram al Doctor Carlos Jaramillo.  Hasta ese momento, no lo podía identificar y por ende era un completo desconocido para mí.  Sin embargo, acaté el consejo y empecé a seguirlo, como hago con muchas personas.  Sin embargo y a diferencia de muchos otros casos, sus contenidos en medicina funcional se empezaron a hacer relevantes para mí ya que cada vez que leía algún contenido de él, aprendía algo nuevo.  Por ejemplo, aprendí con sus publicaciones como interpretar adecuadamente el contenido nutricional que viene en las etiquetas de los productos, para hacer una buena elección, acorde con mis necesidades. Hoy en muchos espacios me atrevo a recomendarlo por la confianza que me generan sus consejos y hasta reconozco que fui de los primeros en comprar y leer su libro “El milagro metabólico”.

Inicio este blog con este ejemplo de la vida real, porque ilustra perfectamente la evolución que usualmente debe tener una marca personal bien gestionada.  Para esto quiero utilizar como base una adaptación de la pirámide de BrandDynamics, desarrollada por Millward Brown y WPP  para ilustrar la manera como se le va dotando paso a la marca de un valor que reconoce su audiencia.

El punto de partida de tu marca personal es que tengas claro quién eres tú y, dentro de ello, cuáles son los elementos que te identifican, incluyendo tus talentos y habilidades, para que así mismo tu audiencia te identifique como tal.   Si no hay identidad, sencillamente no hay conciencia de tu existencia, que es justo el paso 1 de la pirámide. 

Posteriormente tu propuesta de valor, basada en lo que te identifica, debe hacerse relevante (2) para tu audiencia para que, en la medida que te conozca, le generes confianza con dicha propuesta (3), se atreva a vincularse más cercanamente contigo (4) y finalmente se atreva recomendarte de acuerdo a la experiencia vivida con esta. 

Recuerda el caso del Doctor Carlos Jaramillo: primero lo identifiqué a través de la recomendación de un amigo y tuve consciencia de su existencia (paso 1). Luego de esto, sus contenidos se hicieron relevantes para mí (paso 2). Seguir sus consejos y probarlos en el campo práctico (3) me permitieron experimentar la asertividad de sus sugerencias (4) y consecuentemente me atreví a recomendarlo (5), como alguien lo hizo conmigo.

En medio de este transito desde una relación con tu audiencia eminentemente racional  (1), hasta llegar a un vínculo emocional con esta (5), tu marca personal requiere necesariamente del desarrollo de ciertas competencias para impulsar la buena gestión de tus habilidades sociales. Una de ellas, y quizás la más importante, es la empatía, la cual te permite identificar y entender los sentimientos y emociones de las demás personas y trabajar en función de ello para responder a sus necesidades y consecuentemente mejorar el relacionamiento con ellas.

Así mismo, la empatía es considerada como una de las habilidades que hacen parte de la inteligencia emocional de las personas y es una de las competencias primordiales para gestionar adecuadamente los conflictos, que  surgen permanentemente en las organizaciones o comunidades y que suelen poner en riesgo la estabilidad de las mismas y consecuentemente las de sus líderes.

Debido a esto, surge la empatía como una característica que poseen los líderes que logran motivar auténticamente a sus equipos en beneficio del cumplimiento de sus metas. 

De manera coloquial podríamos decir que un líder empático es quién se coloca en el lugar de los demás tratando de entender sus motivadores, sentimientos y pensamientos, con el fin de buscar soluciones conjuntas a los conflictos.  Esta es la base para que tu marca se acerque al vínculo emocional con tu audiencia.

Una persona que desee tener una marca personal de impacto, sin lugar a dudas debe potenciar su empatía para aproximarse de manera asertiva y genuina a su audiencia objetivo y, más allá de ello, para poderla entender y ajustar su mensaje y sus acciones a alimentar la relación con esta.

Según el doctor en psicología Luis Moya, autor del libro “La empatía, entenderla para entender a los demás”, las personas más empáticas son más queridas, tienen mayor éxito social y profesional, se adaptan más fácilmente a los cambios y cooperan más fácilmente con los demás. 

La empatía es una cualidad que puede ser innata, es decir que se nace con ella,   pero también puede mejorarse o simplemente desarrollarse con el tiempo  gracias al entorno y a los procesos de aprendizaje y a algunos factores biológicos, entre otros elementos facilitadores.

Si tu no tienes esta habilidad es hora de pensar en lo que le podría aportar a tu vida personal, seas o no líder.  Para ello primero deberías trabajar sobre la dimensión mental, es decir, buscar entender el pensamiento de los demás y posteriormente deberías trabajar sobre la dimensión emocional, para tratar de entender sus sentimientos.

El canal para llegar a este entendimiento es tener una escucha y observación inteligente de cada situación sin prejuzgar a nadie, comprender lo que oyes y lo que ves y finalmente tener una actitud tolerante.  Otras alternativas es soportarse en técnicas de meditación cómo la práctica del mindfulness que permite tener mayor consciencia de quién eres y lograr una mayor aceptación de todo lo que te rodea, evitando juicios.

Empieza desde ahora practicando en tu casa o en su trabajo con situaciones sencillas y hazlo de manera permanente hasta que lo puedas apropiar, convertir en parte de tu rutina y posteriormente en una habilidad, la cual posteriormente te facilitará la mejor aproximación a tu audiencia, entre otros beneficios. ¡Inténtalo!

Leave a Reply